Ensayo

José Fernández de la Sota

Tiempo muerto

«Lewis Carroll remando en una barca mientras Alicia Liddell le pide que se invente una historia fantástica, Lampedusa asistiendo a un congreso literario antes de haber escrito El gatopardo, el poeta Fernando Villalón soñando con crear toros de ojos verdes y pidiendo que le entierren con el reloj en marcha, Juan Rulfo fotografiando el desierto de México y guardando silencio cada vez que alguien le pregunta por qué no ha escrito nada después de Pedro Páramo, Alejandra Pizarnik acordándose de Julio Cortázar poco antes de morir, Walter Benjamin detenido en Port Bou, Ciro Bayo perdido en el Espasa, Flann O’Brian borracho en un túnel…

Escritores famosos o no tanto, autores reconocidos o ampliamente ignorados, «pero todos –como advierte José Fernández de la Sota– un poco raros, porque ¿cómo alguien que dedica su vida a la escritura puede considerarse plenamente normal? Desengañémonos: escribir no es normal. Lo normal es vivir y morirse, algo que han hecho todos y cada uno de los personajes que pueblan estas páginas». Cuarenta y seis retratos de escritores sorprendidos en momentos no siempre decisivos de sus vidas, pero todos a punto de escribir el último capítulo de sus biografías. Tiempo muerto es un libro lleno de admiración, reflexión y sentido del humor, enriquecido por los magníficos retratos de Pablo Gallo que ilustran la presente edición».

Rafael Redondo

Magníficat

«Rafael Redondo ha buscado en su corazón y ha visto que no existe su persona, y es, por eso mismo, una de las personas más verdaderas que conozco. A sus setenta años cumplidos, hace puente de su maltrecha espalda, se sienta con los sin-techo y les enseña a escucharse en lo inmediato, a asentarse en la morada del espíritu. Todos sus libros son un derroche de afecto hacia quienes no ven aún la plenitud del hombre. Vive en Bilbao, pero no cabe allí esa gratitud que lo mantiene en pie sobre una lágrima. En mayo del dos mil cuatro fue reconocido como maestro zen por Willigis Jäger, aunque él no reconoce más realidad que la del amor. Con las manos vacías, elocuente en sus silencios, la rosa que nos ofrece es la pobreza de espíritu.

Ella es una, ya que está completamente viva. Y sin embargo, siendo una, los pobres se la toman y crece el ramo infinito de la vida».

Del prólogo de Vicente Gallego

Jorge Riechmann

Ahí es nada

«Por más páginas que acumule, nunca diré la verdad. Por más poemas que intente, no atinaré con el nombre exacto de las cosas. No soy uno de esos niños tocados por el ala de un ángel rimbaudiano, ni una de esas doncellas suicidas cuyo verso definitivo coincide con la última exhalación desesperada de la cabeza dentro del horno de gas. Sé que soy de los que buscan, no de los que logran. La espiral de mis itinerarios no desemboca en la rosa de nadie. El ferrocarril de las preguntas no halla puerto en la estación de las respuestas. El camino se prolonga, las piernas duelen y luego recobran una energía juvenil, en la venta es dulce como pan el vientre de la camarera, el olor a tierra mojada convoca el polvo que seremos, pese a la lluvia seguimos caminando… El zurrón no está vacío. El objeto enigmático que contiene no llegaré a conocerlo, pero lo depositaré en tus manos».

 

José Fernández de la Sota

Juan Larrea

«Juan Larrea (Bilbao, 1895-Córdoba. Argentina, 1980). Larrea es uno de los autores más incatalogables y enigmáticos que ha dado el siglo XX. Es el gran raro de la generación del 27 y un poeta que, escribiendo en francés, influye de manera más o menos oculta en Rafael Alberti, García Lorca, Gerardo Diego y Vicente Aleixandre. Es, según Vittorio Bodini, el padre desconocido del surrealismo español. Su singuralidad poética sería suficiente para ocuparse de él, pero además Larrea es otras cosas: arqueólogo y experto en arte precolombino, crítico literario y de arte, intérprete y testigo del Guernica de Pablo Picasso, ensayista prolífico y profético, fundador de revistas, figura destacada del exilio republicano en América, guionista de Buñuel, hermano espiritual y apoderado de César Vallejo.... José Fernández de la Sota sigue su rastro escrito a través de seis países y de dos continentes y nos acerca a la aventura intelectual y humana de quien se definió a sí mismo como «un aventurero del espíritu.»

 

Beñat Arginzoniz

La herida iluminada

«En La herida iluminada, la reflexión y la creación poética se entreveran de manera nueva y fecunda, presentando de forma original un buen puñado de ideas sobre la poesía, el papel del poeta en el mundo actual y otros asuntos afines.».

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